2016 XVII. ESPARTINEN MARTXA

martes, 6 de julio de 2021

2021 Noaingo oroimena 1521

 




El 30 de junio del año 1521 fue probablemente el día más triste y trágico que el legitimismo navarro tuvo que afrontar en todos los años que duró la Guerra de Navarra. Tras la entrada del ejército legitimista y la rápida liberación del reino, operada en menos de tres semanas, la llegada de refuerzos españoles desde Logroño y Tarazona había obligado a Asparrots a replegarse hacia la capital. Buscando una posición fuerte, los franconavarros se atrincheraron en torno al pueblecito de Noain, con sus 30 cañones emplazados muy cerca del lugar donde hoy se encuentra el aeropuerto y apuntando hacia el paso del Carrascal, por donde esperaban que apareciera el enemigo. Era una ubicación ventajosa, la propia Pamplona guardaba sus espaldas. Sabían que la situación era muy difícil, puesto que la armada enviada por el emperador Carlos I les triplicaba en número, pero desconocían, en cambio, que, mientras ellos vigilaban el puerto, Francés de Beaumont, señor del palacio de Arazuri y buen conocedor de la zona, guiaba a 500 soldados españoles por senderos de montaña, para cruzar la sierra de Erreniaga y sorprenderlos por detrás.


La batalla empezó bien para los navarros, con los cañones diezmando la infantería enemiga, pero la aparición de Beaumont y los suyos causó el pánico y sirvió para inutilizar la artillería de los aliados franceses, que fue capturada. Ante lo apurado de la situación, el general Asparrots ordenó la carga de la, hasta entonces, invencible caballería acorazada francesa, que se estrelló contra las masas de picas españolas. En poco tiempo los franceses fueron diezmados, al igual que la caballería ligera navarra y las milicias de Pamplona, Ameskoa, Sangüesa y Cáseda, así como el grupo de 2000 bajonavarros que lideraba Iñigo de Etxauz. Más de 5000 hombres murieron en el bando franconavarro, entre ellos tal vez el más relevante Carlos de Mauleón, señor de Traibuenas y sobrino del mariscal don Pedro. Los franceses también tuvieron pérdidas importantes, y el propio general Asparrots cayó herido y fue hecho prisionero. La masacre del 30 de junio de 1521 causó una honda impresión en toda Navarra, y hasta los libros parroquiales del valle de Elorz recogen los ecos de una batalla que debió de dejar sus campos sembrados de cadáveres. Así, muchos años después, dos candidatos a ocupar el cargo de párroco de Noain se reprochaban mutuamente haber participado en el desvalijamiento de los soldados muertos.


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